Friday, 9 November 2012

Jordi Aymerich comenta el fenómeno matemático que predijo las victorias de Obama


Jordi Aymerich, Profesor de Marketing de la Facultad de Economia y Organitzación de Empreses de la Universidad de Barcelona, nos explica como la predicción de Nate Silver sobre la victoria de Barack Obama es pura matemática.


Según el profesor experto en Investigación de Mercados: "La gracia del fenómeno Nate Silver es que únicamente ha invertido su tiempo en recoger datos y ha acertado, mientras que los partidos políticos se han dejado millones de dólares para averiguarlo y no han acertado".


Casualmente... El año pasado se celebraron elecciones generales en Andorra. Y fue el momento escogido por la empresa Hamilton Intelligence para analizar el comportamiento del electorado en dichos comicios. Según sus conclusiones, el número de menciones a los candidatos y partidos políticos en Twitter a lo largo de la segunda semana de la campaña electoral andorrana ha tenido un resultado que proporcionalmente se ha correspondido con el resultado final de los comicios celebrados el 3 de abril de 2011. Una experiencia que a escala local guarda similitudes con el bloguero del NYTimes. 






Wednesday, 10 October 2012

El nuevo acto de compra: SHOPPING EXPERIENCE



Con el Boom de Internet y las tiendas online, la Shopping Experience en la tienda física se convierte en un vehículo fundamental para generar vínculos emocionales con el nuevo consumer.

El comportamiento de los consumidores de ahora no es ni de lejos como el de antes. Nuestros antepasados pasaban muchas horas pensando si debían o no saciar su consumo. Hoy en día, este hecho ha perdido fuerza. Cada vez encontramos más alternativas psicológicas para saciar o justificar el impulso compulsivo hacia la compra. Podemos decir que existe un aumento del consumo material en las economías de los consumidores modernos, que están hambrientos por experiencias excitantes.

Estamos ante un nuevo consumer, camaleónico, digital, sociabilizado al 100% con la era 2.0 y continuamente conectado al mundo online del que espera lo mejor para sumarlo a las experiencias de su realidad offline. Su conexión supera fronteras, ya no tiene límites… smartphone, PC, tablets o demás dispositivos con los que se convive en la actualidad… La tecnología digital está cambiando las expectativas de los consumidores. Ahora son ellos los que tienen el control de la información.

Los consumidores actuales no compran productos, sino que buscan experiencia. Su comportamiento ya no es tan físico, sino que varía en función de su entorno, de lo que dice y de lo que observa.

Las marcas deben proyectar aquellos valores que identifiquen una imagen clara de su tienda física. Una imagen que sea capaz de crear al consumidor una memorable experiencia de compra; si un consumidor queda satisfecho con la compra, la posibilidad de recompra es mucho más elevada. Pues ya son muchos los estudios que señalan que el 75% de los actos de compra se deciden en el mismo punto de venta.

El valor que desde los departamentos de marketing añadimos a la marca, más que el valor de la prenda en sí, es a menudo, lo que acaba definiendo realmente la experiencia de compra.


Pero,… ¿Qué es realmente una Shopping Experience 3.0?

La posibilidad de crear un ambiente único en un entorno visual sorprendente, ya sea físico o virtual. Donde el consumidor y/o comprador pueda interactuar con la marca y recibir emociones gratificantes capaces de hacerles evocar recuerdos de su vida con el fin de suscitarles el deseo de compra.

Son muchas las acciones de marketing que entran en juego a la hora de mejorar la Shopping Experience de los consumidores en el Punto de Venta o de cómo convertir esta visita en experimental. Entre ellas se pueden destacar las nuevas apps de realidad aumentada y el marketing olfativo. 


- Realidad Aumentada: Son grandes avances tecnológicos que se están desarrollando en la actualidad aplicados al mundo del retail de la moda. 

Esta reciente innovación permite poner sobre nuestra imagen real prendas de vestir para ayudarnos a completar la visión de la realidad antes de ir a probarlas realmente al vestuario.
Es una manera de impresionar al cliente generándole el deseo e interés por adquirir aquello que hace tan sólo unos segundos tenía superpuesto sobre si mismo de manera virtual. Existen firmas que ya están empleando este sistema en sus tiendas físicas.




  

- Marketing olfativo: En los últimos años se está teniendo muy presente a la hora de dar valor añadido y crear Shopping Experience positivas, pues contar con una firma olfativa refuerza la identidad de la empresa.


En 1999, una investigación científica de la neoyorquina Universidad de Rockefeller reveló que hombres y mujeres somos capaces de recordar el 35% de lo que olemos. Pero el dato más sorprendente es que la memoria puede retener 10.000 aromas distintos (Richard Axel y Linda Back).




Porque el poder evocador del olor y la potente fuerza de asociación del olfato con la memoria hace que cada vez que el consumidor vuelva a sentir ese aroma lo asocie con su marca. Y si a ello le añadimos que el aroma afecta de manera directa al cerebro y éste tiene relación directa con las emociones y sus consecuencias… ¡¡¡El éxito está asegurado!!!

Pero no nos podemos quedar sólo con esto, hay muchísimas formas de potenciar el deseo y atraer al consumidor hacia la compra. Desde el marketing se está intentando influir en el comportamiento del consumidor a través de sus canales perceptivos…


Pero, ¿qué queremos crear?: experiencia, ambiente, comunicación o imagen… Tener claro lo que queremos evocar en el cliente es fundamental para garantizar una Shopping Experience única.
Anteponer las necesidades del consumidor a las tuyas puede garantizarte repercusiones positivas.




Elisabet Suárez




Thursday, 26 July 2012

"¡SOS! Un cortocircuito en el sistema"


Cuando compramos un teléfono móvil, coche o lavadora, esperamos poder hablar por teléfono, desplazarnos de un punto a otro, o lavar 6 Kg. de ropa.

La mayoría de nosotros, no sabemos de informática ni mecánica ni electrónica, y probablemente ni siquiera nos interese así que, lejos de querer informarnos acerca de las entrañas de tales inventos, sí necesitamos que el dependiente que nos atienda nos “prometa” cierta garantía de coherencia en su funcionamiento.

Necesitamos saber que, en condiciones óptimas, nuestro ordenador o lavadora funcionará de una determinada manera y no de otra. ¿Qué ocurre cuando alguno de estos aparatos rompe esa coherencia y empieza a “comportarse” de manera extraña? Lo primero que se nos suele pasar por la cabeza es “se ha estropeado” y seguidamente llamamos a un mecánico, un electricista, o un informático para que lo arregle.

Hace un par de meses la pantalla de mi ordenador empezó a fallar o, por lo menos, a comportarse de una manera diferente a como lo venía haciendo hasta el momento. Sinceramente, creo que podría hablar con mucha mayor fluidez acerca de las costumbres sociales del Paleolítico Inferior que de informática y, sin embargo, hasta yo me di cuenta de que algo estaba fallando. En el taller al que me dirigí para que me solucionasen el problema, un señor muy amable me explicó que lo que ocurría era algo sin importancia y me lo arreglarían en, apenas, cuatro días.
A simple vista, mi portátil estaba exactamente igual que siempre: seguía siendo de color blanco, no tenía ni un solo rasguño, el teclado tenía todas las letras, la batería estaba completamente nueva, la conexión a Internet funcionaba perfectamente, etc. Todo estaba en orden menos ese pequeño daño o cortocircuito que se había producido. Si, era un fallo simple, sin embargo, suficiente como para que mi ordenador dejase de funcionar. 

¿Por qué sin ser mecánicos, ingenieros, o electricistas podemos intuir que algo está fallando en nuestro ordenador? Pues, no porque tengamos rayos equis en los ojos y podamos detectar a simple vista que hay un virus de sobreescritura en nuestro software sino porque, de repente, el funcionamiento de nuestro Macbook Air rompe la coherencia que mantenía hasta el momento y según la cual debía funcionar.

Sin ser conscientes de ello, tenemos absolutamente incrustada la idea de que, para que algo funcione, hasta el más mísero cable tiene que estar en la posición adecuada haciendo contacto con el elemento correspondiente porque, el mínimo corte, cortocircuito o fallo hace que un robot que antes era capaz de hacernos unos huevos poché por la mañana, ahora no pueda ni caminar dos metros.

La armonía y conexión entre todas las partes es, inevitablemente, necesaria. Parece lógico, ¿no? Bueno pues, por lo visto no. Esto que tan obvio nos resulta en un frigorífico o secador del pelo, es impensable e invisible cuando de nosotros mismos se trata.

Imaginemos una escena muy clásica en la que una pareja que se dispone a salir ella pregunta si le gusta cómo se ha vestido a lo que él le da su rotunda aprobación de una forma adecuada y complaciente. Tras esta respuesta, ella se mete de un portazo en el coche y va callada durante todo el trayecto hacia el restaurante hasta que se enzarzan en una discusión interminable. En este punto deberíamos preguntarnos ¿qué ha fallado?, ¿a caso él le dio una mala contestación?...Es obvio que no así que, para entenderlo tendremos que pensar en más elementos que se pusieron en juego durante el encuentro: ¿qué tono de voz utilizó él?, ¿qué postura corporal tenía?, ¿estaba mirando a su Black Berry mientras se lo decía?, ¿celebraban algo especial? Y un millón de etcéteras más.

Somos personas, así que, no somos seres racionales, ni emocionales, ni capaces de sentir dolor cuando nos dan un pisotón. Somos todo eso al mismo tiempo y cuando en una interacción, por muy simple que parezca, se tacha una sola de esas tres dimensiones (cognitiva, emocional y sensitiva, respectivamente), se rompe la coherencia. ¿Cuál es la consecuencia de esto? La misma que se daría en cualquier otra “máquina”: emitimos una respuesta ilógica o impredecible a los ojos del que produjo el cortocircuito. Realmente, cuando nos giramos a la derecha para pedir a nuestro compañero que nos eche una mano, o respondemos una duda de un cliente, ¿cuesta tanto mantener la coherencia y unión entre esos ejes que nos definen como seres humanos? Por tanto, resulta lógico pensar que por mucho que informemos al consumidor de las ventajas que obtendrá al comprar nuestro nuevo lavavajillas transportable, si sólo le enseñamos la caja de dicho electrodoméstico y lo hacemos sentados en una silla mientras bostezamos, terminará cruzando a la tienda de enfrente

Determinadas marcas, empresas, altos directivos..., no entienden el comportamiento de sus clientes o socios. “¿Por qué me cuesta tanto fidelizar al consumidor?”, “¿Cómo es posible que en los estudios de satisfacción salgamos tan mal parados?”. Nadie pone en duda la veracidad y profesionalidad de sus esfuerzos por continuar mejorando y atender las demandas de cada uno de sus stakeholders. Entonces, ¿dónde está el fallo? Probablemente, estemos obviando algo mucho más básico…

No son los consumidores, ni los clientes, ni los socios, ni el personal de limpieza de las empresas, los que estén demandando algo extraño al manifestar su insatisfacción. Todos y cada uno de nosotros en cualquier encuentro, ya sea comercial o personal, no esperamos ser tratados de forma especial ni idolatrante, sólo pedimos sentirnos atendidos y que nos tengan en cuenta con todo lo que ello implica. Para esto, como empresas no podemos amputar, negar u olvidar ninguna de las tres dimensiones que nombrábamos dos párrafos más arriba porque, de hecho, es la combinación de las tres la que nos hace ser lo que somos: personas.

Reuniones de socios, conferencias de coaching, congresos con los grandes gurús del Marketing, etc. Multitud de actos y eventos para tratar de hallar y definir nuevas estrategias empresariales que empujen a las compañías al éxito casi rotundo en el mercado pero, es curioso ver cómo, cuando elaboramos todas estas teorías en las que jugamos a ser Philip Kotler, nos olvidamos de lo más obvio.

Es una ironía pensar que lo que, en teoría, nos viene de serie sea lo que más nos cueste poner en práctica. Nadie nace sabiendo analizar una cuenta de resultados, ni realizar un Plan de Comunicación y a pesar de esto, llegamos a hacernos auténticos expertos en tales competencias. Sí, tenemos esa capacidad pero, ¿qué es de aquello en lo que, por naturaleza, somos “profesionales”?, ¿qué hay de esos rasgos que revelan y refuerzan nuestra esencia?

Cuando nace un bebé, una de las cosas que más nos impactan es su mirada; al entrar en una tienda, lo primero que hacemos es tocar algún producto; cuando salimos de un ascensor valoramos que la persona que entra nos de los buenos días con una sonrisa en la cara; y nos fastidia que nuestro jefe no se sepa nuestro nombre. Todo esto parece muy básico y, de hecho, lo es aunque no nos confundamos: “básico” no significa poco importante sino todo lo contrario. La Real Academia Española nos define “básico” como “perteneciente o relativo a la base o bases sobre que se sustenta algo, fundamental” y aquí está la clave. No podemos pretender que nuestra imagen de marca crezca, ni que nuestra relación con los consumidores sea cada vez mejor si no tenemos en cuenta lo más básico, es decir, aquello que permite que el resto de acciones de marketing tengan sentido y que constituye su principal engranaje.

Aquí, alzo la voz para pedir, simplemente, coherencia. Por favor, no perdamos de vista quiénes somos como empresas ni quiénes son nuestros clientes porque, de hecho, somos la misma “cosa”. Personalmente, no acabo de comprender por qué pensamos que tratar con clientes, consumidores, proveedores o socios es algo distinto a cuando el interlocutor es un amigo, o un hijo. Lo cierto es que, somos lo que somos en todas y cada una de las cosas que hacemos. Nuestra naturaleza no varía por el mero hecho de que estemos vestidos de traje y corbata o con ropa de deporte así que, me parece absurdo que nos extrañemos cuando un cliente pide la hoja de reclamación, y sin embargo, cuando llegamos a casa y damos una mala contestación a nuestra pareja somos capaces de pedir perdón.

Por todo esto, no parece tener mucho sentido realizar inversiones desorbitadas en una caja interactiva que se abre con un mando a distancia y te acerca los zapatos a los mismísimos pies de la cama mientras emite el último hit de Rihanna, si lo hacemos sin a penas mirar a los ojos al consumidor porque ¿qué sentido tiene esto?, ¿a caso no es eso un cortocircuito?, ¿deberíamos extrañarnos si este consumidor no vuelve nunca más a nuestra tienda? En mi opinión, la respuesta a esta última pregunta es un “no” rotundo ya que, sería como pretender que cualquier máquina respondiese a nuestras demandas con sólo parte de las piezas y sistemas que la componen, o sin soldar los cables que se chamuscaron al saltar los plomos del cuadro de mandos. 


En fin…parece que ya es hora de asumir que con un cortocircuito en el “sistema”, ni siquiera el iPhone-17s funcionaría.


Celia Fernández-Carnicero

Friday, 22 June 2012

BURBUJA ONLINE: SOCIAL MEDIA MARKETING


Desde los tiempos más primitivos, el hombre ha ingeniado innumerables formas de intercambiar mensajes. Pero esa forma de comunicación tradicional pasa a la historia con la intrusión de nuevos medios: Internet y las Redes Sociales se presentan ante una sociedad moderna, la nueva era de comunicación on-line ha llegado!

¿Una burbuja influenciable?

Siendo esta, una sociedad tradicional conducida hacia el consumo, donde se considera que los consumidores finales pierden su autonomía para ser considerados ‘seres’ influenciables a través de técnicas de marketing, parece difícil creer que sean ahora las empresas esos ‘seres’ que a través de las redes puedan ver influenciadas sus decisiones empresariales.

No estamos ante un usuario inexperto, sino que nos encontramos ante un usuario mucho más maduro y más interactivo, con total libertad a publicar, en las redes sociales, su opinión y que está sea leída y comentada por el resto de usuarios en un tiempo record. Por lo que debemos aprovechar esa cantidad de información vertida en la red para generar una imagen positiva de la marca.



Es ante este nuevo panorama, dónde Internet y los Social Media han detectado una nueva carencia en la sociedad empresarial, se ha creado un amplio potencial de crecimiento en las redes sociales para el sector empresas, que compiten por conseguir un índice de reputación online que las lleve a la cúspide de la pirámide social. ¿De qué se habla en la red? ¿Cómo nos ven los usuarios? ¿Estamos bien posicionados?

Es fácil ver como el fenómeno de los Social Media está en auge. Cada vez son más los usuarios, empresas, marcas… las que aprovechan estas plataformas sociales para darse a conocer y potenciar su imagen y posicionamiento sin preguntarse el papel que están jugando las redes sociales dentro del marketing de su empresa.

Sin ninguna duda, está nueva situación es la que está llevando a las empresas a integrar los Social Media como canal de difusión en los planes de Comunicación y Marketing. Desde dentro tenemos que darle valor añadido al usuario, para saber qué necesita y qué busca, planificando nuevas estrategias.

Vamos a tomar en cuenta al usuario! Porque hoy en día, el conocimiento de las redes sociales puede hacernos mucho más activos en el mundo empresarial por medio de las relaciones que se establecen, siendo el diálogo la herramienta a través de la cual, marca y usuario fomentan relaciones.

Y teniendo en cuenta que las empresas en la actualidad se preocupan más por vender que por interactuar con el usuario, cabe plantearse si introducirse en el mundo online es la decisión apropiada… Porque un cliente leal se convierte en un gran activo y en un promotor de nuestra empresa, pero un cliente insatisfecho puede llegar a ser un virus difícil de radicar. 



Pero… ¿Tenemos que estar presentes en los Medios Online? ¿Hay que aprender a vivir en los Social Media? ¿O vivir para ellos?
Sin ninguna duda hay que plantearse que estar presente en la red puede perjudicar el prestigio e imagen de la empresa si no sabemos utilizar correctamente todos los mecanismos que están a nuestra disposición.


 Elisabet Suárez

Tuesday, 12 June 2012

Los nuevos poderes del farmacéutico

Tras la actual crisis económica, y el más que creciente número de recortes sanitarios llevados a cabo en los últimos años, la situación en las oficinas de farmacia se está viendo modificada.



Los recortes en el gasto público y los retrasos en los pagos de la Administración Pública han ido dañando la salud de las farmacias españolas. Aunque tras el real decreto 9/2011 esta situación puede, como mínimo, dejar de empeorar. 

Una de las primeras consecuencias del RD es el cambio de rol del farmacéutico, pasando de ser un eslabón pasivo de la cadena a tomar un rol determinante en el momento de la dispensación del fármaco pudiendo elegir entre un abanico de posibilidades de fármacos con marca o genérico con el mismo precio de referencia.

Por el contrario, el papel del médico se limita a prescribir el principio activo más adecuado a cada perfil de paciente; siendo el farmacéutico el que ejecuta la decisión final.

Otra de las consecuencias de la crisis en las farmacias es la ideación de nuevos servicios con el objetivo de dar valor añadido a sus negocios: acciones de asesoramiento durante el embarazo, sistemas personalizados de dosificación, cribados de patologías como el VIH y el cáncer de colon,… y así conseguir enfatizar el rol de la farmacia como principal punto de acceso a la salud.

Lo que ya comenzamos a ver es que el RDL está cambiando la relación entre las farmacias y los laboratorios. Éstos últimos han iniciado modelos de gestión comercial con el farmacéutico para defender sus marcas en la farmacia e intentar competir con el resto de opciones terapéuticas de la categoría  buscando un lugar en el almacén de la farmacia.

Este cambio de situación replantea el universo de estudio en la investigación de mercados. Hasta ahora el principal foco de investigación era el médico, ahora toma un, más que creciente, rol el boticario.


¿Cómo podemos, desde los departamentos de market research, acercarnos al farmacéutico y entender la realidad en la oficina de farmacia?


Entre otros, además profundizar en las estrategias comerciales que llevan a cabo los laboratorios, resulta muy importante conocer la satisfacción del farmacéutico y la imagen que tiene de cada uno de los laboratorios proveedores o potenciales proveedores. 


Modelizar la satisfacción del farmacéutico y entender cada factor de satisfacción como un conjunto de atributos (determinando la importancia de cada uno de manera indirecta) mediante técnicas de análisis multivariable basadas en ecuaciones estructurales, redes neuronales, ... nos permitirá construir una matriz de prioridades estratégicas: 



Y, analizar la imagen y el posicionamiento de los laboratorios en la oficina de farmacia y aplicar herramientas de ingeniería de posicionamiento para determinar el posicionamiento óptimo dentro de la misma aportará las claves para dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué recorrido o camino debería hacer la marca en la farmacia? ¿Existe algún hueco perceptual en el mercado? ¿Qué movimientos en posicionamiento no son creíbles en la farmacia para mi fármaco? ¿Qué puedo hacer para posicionar mi marca en el ideal del colectivo farmacéutico? 


En definitiva, desde market research tenemos que aplicar  herramientas metodológicas estratégicas que permitan obtener una fotografía real del mercado de la farmacia y permitan definir las estrategias futuras del laboratorio en la oficina de farmacia. 


Desde marketing e investigación, es necesario pensar en esta nueva situación y actuar para ganar un sitio en el almacén de la oficina de farmacia. ¿O, no empieza a ser del todo indispensable ser la primera opción de dispensación del farmacéutico?


Jennifer Varón